Contradicciones de los espíritus

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Leemos en la Revista Espírita de noviembre de 1860 (“Relaciones afectuosas de los Espíritus”):

Si Georges hubiera sido uno de esos espíritus vulgares o sistemáticos que expresan sus propias ideas sin preocuparse por su exactitud o falsedad, no les habríamos dado la menor importancia. Dada su sabiduría y habitual profundidad, cabría suponer que había algo de verdad en el núcleo de esta teoría, pero que el pensamiento no se habría expresado plenamente. De hecho, esto es lo que se desprende de las explicaciones que solicitamos. Tenemos, por tanto, una prueba más de que nada debe aceptarse sin haberlo sometido al control de la razón; y aquí la razón y los hechos nos dicen que tal teoría no podría ser absoluta.


[…]

El simple sentido común nos dice, por tanto, que la situación mencionada es relativa y no absoluta; que puede ocurrirles a algunos en determinadas circunstancias, pero no podría ser general, pues de lo contrario constituiría el mayor obstáculo para el progreso del Espíritu y, por esta misma razón, no estaría de acuerdo con la justicia de Dios ni con su bondad. Evidentemente, el Espíritu de Georges solo afrontó una fase de errancia, en la que, para ser más precisos, restringió el significado del término «errante» a cierta categoría de espíritus, en lugar de aplicarlo, como hacemos nosotros, indiscriminadamente, a todos los espíritus no encarnados.

Esta es otra lección para nuestros diálogos con los Espíritus. Nos enfrentaremos a los mismos desafíos que Kardec. La cuestión es que, basándonos en lo que Kardec ya estudió, tenemos un principio, un punto de partida, y no nos quedamos perdidos, sin saber cómo reaccionar.

Una vez más, el sentido común de Kardec nos llama a razonar sobre la necesidad de no aceptar *NADA* ciegamente, considerando siempre todas las dificultades que conllevan las comunicaciones espíritas. Una vez más, el regreso al sentido común kardeciano contrasta marcadamente con lo que el Movimiento Espírita actual hace y enseña.

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