Apometría y Espiritismo: una lectura crítica de sus incompatibilidades estructurales.

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La distancia entre la apometría y el espiritismo no aparece en los márgenes, sino en la esencia misma de cada propuesta. Al examinar detenidamente el sistema apométrico atribuido a José Lacerda de Azevedo y compararlo con los principios doctrinales consolidados en las obras de Allan Kardec — El libro de los espíritus, El libro de los médiums, El Génesis, El cielo y el infierno, Obras póstumas y los doce años de Revista Espírita El resultado no es una gradación, sino una división. La apometría se estructura como una técnica; el espiritismo, como una ciencia de observación moral. La primera opera por orden; el segundo, mediante la cooperación entre seres encarnados y espíritus, guiados por la ley moral. La conciliación es inevitable.

La apometría inaugura su metodología afirmando la posibilidad de inducir el desarrollo del espíritu mediante medios puramente mecánicos: conteo numérico, pulsos mentales, órdenes verbales. En esencia: si el operador da la orden y marca un ritmo, el espíritu se separa conscientemente, listo para ser guiado. Esta concepción establece una relación técnica entre el encarnado y el fenómeno espiritual, como si el desarrollo fuera un proceso fisiológico susceptible de desencadenamiento externo, independiente de la naturaleza íntima del médium y del libre albedrío de los Espíritus involucrados.

Nada de esto se sustenta en la obra de Kardec. En toda la literatura espírita, no hay un solo caso en que la separación periespiritual se considere un procedimiento voluntario provocado por técnicas humanas. Kardec es categórico: el sonambulismo, el éxtasis, la emancipación del alma son fenómenos naturales y espontáneos, dependientes del estado psíquico y moral del individuo, nunca de la aplicación de fórmulas. Y cuando se habla de la influencia de órdenes, rituales, palabras o conteos, la respuesta de los Espíritus Superiores es siempre la misma: cualquier virtud atribuida a tales métodos es superstición, y las doctrinas que prescriben procesos mecánicos están inspiradas por Espíritus ignorantes.

En el universo apométrico, sin embargo, la técnica sustituye al fenómeno natural. El operador asume el rol de un agente activo, capaz de abrir y cerrar la proyección astral, de recoger el espíritu del paciente, de proyectarlo a entornos espirituales específicos o incluso de guiarlo hacia situaciones pasadas o futuras. El espíritu es tratado como un objeto manipulable, sujeto a órdenes externas. En el Espiritismo, por el contrario, la autonomía del Espíritu es inviolable. Kardec establece que, entre los Espíritus, encarnados o desencarnados, la supremacía solo existe mediante la superioridad moral, nunca mediante la fuerza. Ningún Espíritu puede ser constreñido por la autoridad técnica, y ningún proceso legítimo de asistencia espiritual se basa en ninguna forma de coerción.

Otro punto de ruptura surge en la concepción que la Apometría da al periespíritu y al mundo espiritual. El sistema presupone la existencia de múltiples capas periespirituales que pueden separarse, operarse individualmente y tratarse como niveles funcionales distintos, cada uno susceptible de manipulación directa por parte del operador. En Kardec, no hay nada que se asemeje remotamente a esta visión fragmentada. Para la Doctrina Espírita, el periespíritu es una unidad funcional, elástica y plástica, sujeta a la voluntad del Espíritu, y no al bisturí vibratorio de un técnico humano. La fragmentación operativa del ser espiritual es ajena a la ontología espírita.

Las divergencias se hacen aún más evidentes al observar la introducción de dispositivos, mecanismos, estructuras tecnológicas y "equipos astrales" en las prácticas apométricas. La presencia de dispositivos, máquinas e instrumentos implantados de naturaleza supuestamente electrónica o electromagnética en el plano espiritual contrasta radicalmente con la ciencia espiritista, según la cual los fenómenos espiritistas son esencialmente fluídicos, derivados de la voluntad y la moralidad de los Espíritus, y no de la mecánica. Kardec nunca describe ingeniería espiritual equipada con tornillos, emisores, módulos o herramientas para la intervención física. Para él, la curación, la obsesión, el alivio o la perturbación se establecen mediante procesos morales, vibratorios y magnéticos, pero nunca mediante instrumentos.

Más profunda que cualquier divergencia técnica es la ruptura filosófica. El espiritismo sostiene que toda evolución procede de la transformación moral del Espíritu, y que ningún proceso externo —ya sea ritual, aparato, técnica u orden— puede reemplazar el esfuerzo interno. La apometría, por el contrario, atribuye al operador la capacidad de corregir, reorganizar y redefinir los estados espirituales mediante la técnica, como si la mejora moral fuera complementaria y no estructural. La ética kardeciana se abolió cuando el progreso dejó de ser la obra interna del Espíritu y se convirtió en función de un proceso técnico aplicado desde el exterior.

Finalmente, la Apometría se presenta como una nueva doctrina, con sus propias leyes, terminología, un aparato conceptual independiente y objetivos distintivos, pero reivindica su proximidad al Espiritismo. Sin embargo, la postura de Kardec sobre las nuevas doctrinas es inequívoca: cualquier sistema que introduzca principios que no armonicen con la universalidad de las enseñanzas de los Espíritus, o que cree divisiones, exclusivismo, grupos cerrados o identidades paralelas al Espiritismo, es necesariamente ajeno a la Doctrina Espírita. Además, cuando una teoría carece de confirmación universal o presenta elementos contrarios a las leyes morales y fluídicas demostradas, no debe incorporarse al cuerpo doctrinal.

La apometría, por lo tanto, no es simplemente una adición al Espiritismo; es un cuerpo extraño. Opera por orden, mientras que el Espiritismo opera por moralidad. Utiliza la técnica, mientras que el Espiritismo utiliza la observación. Manipula espíritus, mientras que el Espiritismo coopera con ellos. Introduce tecnología, mientras que el Espiritismo describe fluidos. Ofrece leyes artificiales, mientras que el Espiritismo reconoce leyes naturales y morales.

No hay reconciliación posible.
Y esto no le resta valor a la Apometría como una construcción espiritualista particular; simplemente la coloca en su contexto apropiado: un sistema independiente, no espiritualista, no kardeciano, no compatible con la ciencia de los Espíritus establecida por Kardec.

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